Los vinos monovarietales con uvas autóctonas españolas han conseguido el reconocimiento de los consumidores por su gran calidad y sus características especiales

Que España es uno de los grandes países vitivinícolas del mundo es algo que ya nadie duda. La gran calidad y variedad de sus uvas, el cuidado de todo el proceso de elaboración del vino y el saber hacer de las bodegas y productores ha convertido a los vinos españoles en vinos de reconocido prestigio a nivel internacional. Aunque la estudiada combinación de variedades de uvas ha conseguido vinos varietales de gran calidad y muy apreciados en el mercado, los vinos monovarietales con variedades autóctonas españolas han conseguido hacerse con un hueco en el mercado, son muy reconocidos tanto a nivel nacional como internacional y son capaces de satisfacer a los paladares más exquisitos.

Características de los vinos monovarietales

Los vinos monovarietales son aquellos elaborados con una única variedad de uva o con al menos el 85 por ciento de la uva principal, unos vinos que pueden parecer sencillos pero que, en realidad, son complejos de elaborar. Y es que si en los vinos varietales podemos ‘jugar’ con los distintos tipos de uva para sacar lo mejor de cada una de ellas y obtener un vino redondo, complejo y elegante, en los monovarietales esto lo tenemos que conseguir con una única variedad de uva. Una circunstancia que obliga a los viticultores a tener en cuenta sus características, su forma de envejecer, la tierra en la que se cultiva o el clima del lugar donde se ubica el viñedo para conseguir un vino que se adapte a los gustos de los consumidores y que saque lo mejor de la uva, que será la gran protagonista.

Además, estos vinos presentan una dificultad añadida. Y es que diferenciarse del resto de bodegas y vinos de esa misma variedad es más complicado. Ahí es donde entra en juego el proceso de envejecimiento del vino, las características del suelo y el clima y los cuidados que reciba la uva y su mosto durante todo el proceso de elaboración del vino. No obstante, y aunque muchos de los mejores vinos son polivarietales, los vinos monovarietales elaborados en España han conseguido también el reconocimiento gracias a la calidad de las uvas autóctonas españolas.

Variedades de uva autóctonas en España

Son muchas las variedades de uva autóctonas en España. Casi cada región vitivinícola y cada denominación de origen cuentan con una, aunque hay algunas que son claramente reconocibles y que se cultivan en grandes extensiones de terreno. Tempranillo, Graciano, Garnacha, Garnacha Blanca, Macabeo, Verdejo, Bobal, Albariño o Moscatel son sólo algunas de ellas. Cada una con sus características, su sabor diferenciado, su maduración o su acidez, que hacen de sus vinos unos vinos únicos para todos los gustos.

Quizá la uva tinta española por excelencia sea la Tempranillo, una variedad muy extendida por todo el territorio nacional, indicada en muchas denominaciones de origen y muy valorada por su capacidad para conseguir vinos elegantes, aromáticos y muy equilibrados. No obstante, la Garnacha es la más cultiva en España y produce vinos jóvenes y afrutados. Además, los viñedos españoles apuestan por otras variedades de uvas que poco a poco han visto aumentada su extensión de cultivo. Éste es el caso, por ejemplo, de la uva Graciano, autóctona de regiones como La Rioja o Navarra y que, sin embargo, se cultiva ya en casi todas las zonas vitivinícolas y regiones a lo largo y ancho del país. Y es que es una uva que ha conseguido vinos monovarietales elegantes y sin complejos como el que ha elaborado la bodega manchega Dehesa de Luna. Se trata de una uva muy indicada para vinos con crianza y de color vivo para seducir a los paladares más exigentes.

Vinos blancos monovarietales

Por su parte, en las variedades blancas uvas como la Garnacha Blanca han sabido encontrar su hueco en el mercado y ya se elaboran vinos monovarietales con ellas. Se trata de una uva muy extendida también en España y que está relacionada con la tinta. Aunque es normal encontrarla en vinos polivarietales con otras variedades blancas, es capaz de producir vinos dorados, con alta acidez y aromas complejos pero que seducen a cualquier paladar por su capacidad de maridar con distintos platos como pastas, arroces, mariscos y quesos.

Y es que son muchas las bodegas que cuentan entre sus productos con un amplio catálogo de vinos monovarietales. El saber sacar lo mejor de cada uva y ofrecerle el tratamiento adecuado a cada una de ellas para elaborar vinos elegantes y complejos es una ardua tarea pero que da grandes resultados. Tanto es así que la apuesta por los vinos monovarietales, tanto blanco como tintos, es una apuesta segura para aquellos consumidores que deseen encontrar un vino redondo, sin complejos y sin complicaciones pero adaptado a sus gustos y perfecto para cualquier ocasión, a la vez que permite reconocer las variedades de uva utilizadas y exprimir al máximo su sabor y sus cualidades.